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3.11.08

Quiero que ahondes mis valles


Quiero ser río y que bebas en mí con toda la sed de tu alma,
que me absorbas, que te embriagues.
Manantial para tu sed no saciada.
Quiero ser montaña y me encumbres cada mañana,
donde encuentres el pan que te alimenta,
donde construyas tu casa.
Quiero ser el bosque que te oculta,
el lucero que ves al alba,
el valle donde descanses,
la tierra que llames patria.
Quiero ser vela cuando aborde tu barca,
y en la tarde lluviosa el cielo abierto que escampa.
Quiero ser tu frío cuando en la noche mojada,
sepas que al llegar el rocío, seguirás abrazado a la almohada.
Quiero ser tu tiempo,
el tiempo provecho y el tiempo desgana,
Ser la arruga que te cubre y contemplarte cubierto de canas.
y verte morir a mi lado.
Morir contigo.
Morir sin ansia.
Porque eres río y bebo en ti con toda la sed de mi alma,
te absorbo y dejo que me embriagues,
porque eres el agua para mi sed no saciada.
Porque eres montaña,
bosque y lucero,
valle y alba,
porque eres mi frío,
mi tiempo.
Y la única tierra que llamo patria.
Por Ana Aspid

28.8.08

Tiempo

El cajón repleto de sueños formados de dulces olores...
recuerdos lejanos de un tiempo mortal.

Las manos vacías de miedo,
de sangre, de vida y de pan.
El tiempo escondido entre los recuerdos,
las horas futuras tan duras como olas de mar.

Tiempo pasado, eterno suplicio,
Largas las horas, eternos los días,
murmullos entre las hojas que esperan un punto final.

Y mil huecos repletos de dudas que quizá pronto se disiparan.
Tiempo.

Tiempo para abrazarse a los aires
que rondan las casas de un sueño mortal.

Tiempo para incumplir promesas,
crear vidas nuevas,
atarse a las sirgas que no sucumbieron bajo el temporal.
y entonces...
dejarse arrastrar,
morir,
naufragar.
El hastío rondando la mente,
los sueños pasados mordiendo el futuro,
mil tiempos de recuerdos vacíos,
y un solo momento para abrazar la verdad...
Tiempo y espera.

Solo en tus manos hallaras livertad.
Por Ana Aspid.

16.8.08

En clave de Sol

Busco el escondrijo que me resguarde de ti, creí haberlo encontrado en el silencio.
Vieja daga lacerante,
estilete delicado,
corte fino sin dolor.

Ya no sangran las heridas,
no supuran borbotones,
no soy tu, tu no eres yo.

Cielo abierto descampado,
cuanto tiempo en el adiós,
cuantos nombres olvidados,
¿cuál momento?
¿qué perdón?

Veinte años, profecía,
tu sonrisa, mi dolor,
viejas fotos, viejos tiempos,
mi tristeza y el olvido, apostando en el vagón.

Escondrijo y un lamento distrayendo mi atención,
un susurro y unas letras,
una calle incongruente,
esta mísera canción.

Si me llamas ya no vengo,
si te busco ya no estás,
no te sueño y no te encuentro,
yo no pienso y tu no más.

Y me arropo entre las notas y el sonido de mi voz,
y te añoro y te maldigo,
desordeno las vocales
y te juzgo sin amor.

Mi condena impertinente,
tu blasfemia singular,
parapeto intransigente,
caudalosa libertad.

Las verdades tienen alas,
no me has visto cojear,
no es verdad que fueran falsas y no es cierta la verdad.

Por tu sangre y por mis venas,
alfileres sin control.
ya no sangran las heridas,
no supuran borbotones.

No soy tu,

tu no eres yo.

Para Esther, quien fuera mi hermana.

(c) Por Ana Aspid.

20.7.08

Vienes y te clavas, otra vez

Bienvenido de nuevo pequeño y viejo conocido, recuerdo las garras de tu nombre oprimiendo mi cuello,
cortando mi respiración y desgarrando mis ganas de seguir.
Recuerdo y deletreo tu nombre.
Tantas veces como sea necesario, y siempre las justas para no permitir que desgajes mi alma.
En los mundos impuros, tú, debes ser como el aire en el mío.
Impecablemente necesario.
En el mío eres sin duda alguna, el pan de cada día.
Y no te necesito.
Nadie quiere dormir contigo, y sin embargo ahí estás, acompañando muchos cuerpos cada noche, muchas
mentes dormidas por tu letargo.
Hoy dormirás junto a mí.
Y babearas los poros que ayer eran canela y hoy, segregan ulcerosos.
Y durante unos instantes me rebajaré al poder que vulneras, y seremos dos en la noche angustiosa que
pretendes presentarme como futuro desolador.
Pero no te creeré.
Tantas veces vengas y te claves, serás bienvenido, tú, tu nombre y el olor a sangre infecta que despides.
Tantas veces vengas, serás desterrado, tú, tu rabia y todo lo que representas.
Para que tu viaje no sea en vano, dejaré que el enjambre de preguntas que pretendes sean mi losa,
revoloteen por la estancia esta noche.
Y me morderé los labios, hasta la lengua, mientras pienso que me ahogo, pero mañana, mañana vas a salir
por la puerta por la cual hoy has entrado, y nos vamos a despedir como tantas otras veces: tu sabiendo que
volverás, y yo esperando que tardes en hacerlo.
Entonces, sólo me queda desearte, mi querido fracaso, que disfrutes de la noche que vas a pasar conmigo,
porque mañana, fracaso, de nuevo te vas al exilio del cual no debiste volver.
(c) Por Ana Aspid.

17.7.08

Fotocopia

Tomada de puño
y letra estilosa y grácil.
El sudor de sus delicadas manos
dejaron en ti una impronta fortuita.
Te sientes importante.
Te sientes especial y única.
Pronto dejarás de serlo.
Repartiré tu esencia por cien folios en blanco,
tendrás un precio
y ellos te tomarán prestada
para usarte.
(c) Por Eric F. Luna.

13.7.08

Rojo

Rojo, púrpura, el añil embotellado del sentido de morir,
roja la sangre espesa que a ti me une,
roja la vil herida que me separa de ti.

Rojo y descarnado,
rojo el fuego que hierve acostado en su agonía,
roja la lucha la cruenta espera,
rojas tus noches a la par que rojos mis días.
Roja la savia de lo impreciso,
el futuro, las maneras,
rojo mi pelo y tus labios,
rojas las palabras muertas.

Los amaneceres rojos que me regresan,
hoy sirven para olvidarte, mañana para añorar la senda.
Rojas las tardes de la ignorancia,
juegan las nubes dispersas,
y el horizonte de lo mundano
borra las huellas de mi presencia.
Rojo.
Roja la esencia,
rojo el fuego en sus despojos,
roja la indiferencia.
Rojo y carmín embarrado,
rojo perdido en la espera.
(c) Por Ana Aspid.

19.6.08

Círculos

Las preguntas sin respuesta son como charcas de lodo en mi alma mortal.

A veces se cubren y aparecen dispersas, crecen a su voluntad.

Y escribo.

Escribo tu nombre enredado en las letras,

mil pensamientos me abocan a ser sin sentir.

Intercalo tu H en ese dictado,

y aprendo de nuevo a olvidar,

lo que espero omitir.

Recuerdo mi sangre y un juramento,

las manos de barro,

la nieve y el mar,

el olor a mojado,

las viejas paredes,

un trozo de alma

y un cacho de pan.

Reitero.

Insisto y declino,

preguntas sonoras que acosan mi paz.

Y olvido.

Olvido y dimito,

renuncio a encontrar la respuesta.

Renuncio a olvidar.

La charca, el lodo, mi alma,

regreso a escribir,

ahora recuerdo,

ahora te ignoro,

ahora comienzo.

Principio.

Fin.

(c) Por Ana Aspid