| No había ni un milímetro de tregua a ambos lados del coche, el cual era cada vez más insignificante, tampoco quedaba ningún hueco para un pequeño halo de esperanza. No hay semana sin Domingo, ni situación sin final, el de aquella fue el que ninguno de los dos amigos esperaba, aquel por el cual no apostaban que iba a acontecer, el camión comenzó a incorporarse a su carril, y no hubo noticias del coche que venia por detrás. Por suerte para ellos no hubo un desenlace trágico, hoy pueden contarlo, y se puede decir que volvieron a nacer, tras haber recibido una segunda oportunidad para seguir viviendo. El conductor, después de haber pasado un par de años, todavía no se explica como pudo salir de esa situación, no sabe como realizo la maniobra, la hizo sin pensar, fue el instinto el que giro el volante. Aun recuerda como iban las plantas decorativas de la mediana golpeando el retrovisor izquierdo, tampoco olvidara el haber llevado entre las ruedas la línea externa del carril izquierdo, pero la imagen que le acompañara el resto de su vida fue la forma de disculparse del chofer del camión, que sacó el cuerpo de cintura para arriba por la ventanilla y girándose pidió perdón, el conductor del coche hubiera preferido que se hubiese mantenido el cuerpo y la mirada hacia el frente, y que simplemente hubiese sacado un brazo, no vaya a ser que tuvieran otro susto, que no es agradable tentar tanto a la suerte. Con el paso del tiempo todo ha quedado en una anécdota, desde entonces ambos aprecian un poco mas la vida, a la que le agradecen estar vivos y sin secuelas, a excepción de una que le ha quedado al conductor, la de sentir que todo los vehículos le van a hacer la puñeta en cualquier momento y sin previo aviso, un agobio que le hace desear fervientemente ser la única persona que circula por el infinito universo. También trata de quitar hierro al asunto, de pensar que no fue para tanto, para así poder quedar tranquilo al no haber estado próximo a la muerte, o casi haber dejado una vida a medio terminar, o de marcar el resto de la vida de sus allegados. (c) Por Águila. |
20.7.08
Sin escapatoria (II)
6.7.08
Sin escapatoria (I)
| Era un prometedor día veraniego, dos amigos acaban de realizar el último examen de la convocatoria de Junio y se disponían a volver a su pueblo. Durante el trayecto de vuelta por la autovía poco hablaron de cómo les fue el examen, porque iban comentado lo que iban a hacer esa noche para despedir la época de estudio y recibir el verano. Era un momento de felicidad y deseos de llegar a casa para descansar hasta que llegase la noche para irse de fiesta a una localidad costera cercana. Esas sensaciones esperanzadoras comenzaron a difuminarse cuando el amigo que iba de acompañante dijo: - Cuidado, se te va a meter. Se refería al camión al cual se encontraban adelantando, que pareció no percatarse de su presencia, se disponía a cambiar de carril, pues ya tenia el intermitente anunciando su próxima maniobra. El conductor pensó que no ocurriría, que se colocaría detrás cuando lo terminasen de adelantar, pero no fue así, el camión comenzó a desplazarse a la izquierda mientras el coche aun se encontraba a media altura, sin haber terminado el adelantamiento. Los intermitentes del camión parecían anunciar un peligro con perversas consecuencias. Desaparecieron las sonrisas y la planificación del ocioso plan nocturno, se encontraban en una situación de difícil solución. El conductor del coche tenia numerosas e inviables posibilidades. Acelerar era la opción utópica, puesto que no le daba tiempo a rebasar al camión antes de un irreversible final. Frenar era la lógica elección, pero el coche de atrás podría colisionarlos. Girar a la izquierda o a la derecha era un suicidio, por la presencia de la mediana y del camión, respectivamente. Allí se encontraban ellos, sin apenas tiempo para actuar, y con pocas alternativas factibles para escapar de esa trampa mortal. El acompañante apenas tuvo tiempo para pensar, solo sintió que ese era el final de su vida, se iba a cumplir esa deseo-broma que solían decir en la época de exámenes: “Espero no morir ahora, no me gustaría haber pasado los últimos de mi vida encerrado en casa estudiando” . El conductor ni siquiera tuvo tiempo para pensar que hasta ahí había llegado su vida, porque era quien conducía, y tenia que decidir que hacer, no era momento sentimentalismo, añoranzas, arrepentimientos, ni de sentir cualquier emoción que no le sirviera para solucionar la situación en la que se encontraban. Cuando la resignación comenzaba a embargar al conductor surgió el instinto animal para evitar el peligro, de forma inconsciente y en cuestión de milisegundos pitó al camión, apuró al máximo el poco hueco que disponía a la izquierda, frenó de forma comedida, para minimizar las consecuencias de la posible colisión, pero dejando tiempo de reacción al coche que llevaba detrás. No quedaba en su manos nada mas por hacer, solo esperar a que el chofer del camión viera el coche y dejara de seguir metiéndose en el carril izquierdo, que el vehiculo de atrás tuviera espació y tiempo para frenar, en definitiva, quedo expectante para que ese no fuese su último viaje… (c) Por Águila. |
17.6.08
De los malos
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